No amoldarnos al mundo

El Apóstol Pablo dice en su carta a los creyentes de Roma: “Y no os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente”. (Ro 12: 2)

El “mundo”, en muchas partes de los evangelios, se nos muestra como enemigo de Jesús y sus enseñanzas. Sin embargo en otros pasajes se nos dice lo contrario: “Porque tanto amó Dios al mundo que dio su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3:16).

El “mundo” es el lugar en el que Dios nos pone para vivir. La Biblia no se refiere al lugar físico en que tenemos que vivir, sino al ambiente, a los criterios que deben regir nuestras vidas acá en la Tierra. En otras ocasiones el “mundo” es presentado como corrompido, por los que viven en el mundo.

Es en esta segunda acepción que Pablo nos exhorta a no conformarnos sino a transformar al mundo. Esta advertencia es válida para todos los períodos de la historia; no sólo para los cristianos de Roma.

Esa ciudad, capital del mundo de entonces, recién tenía pequeños grupos cristianos que se veían sumergidos en un mundo corrompido y corruptor. Y en ese mundo tenían que vivir. El peligro de dejarse envolver por costumbres contrarias a las enseñanzas de Jesús, que Pablo les había dado a conocer, era muy grave.

El mundo en el que estaban viviendo esos primeros cristianos de Roma se dejaba llevar por costumbres y principios que contradecían puntos fundamentales de la enseñanza de Jesús. Era la época en la que reinaba Nerón, el más corrupto de los emperadores romanos, que asesinó a sus oponentes, a su madre, a su esposa; que hizo incendiar Roma y persiguió a los cristianos.

No os acomodéis al mundo presente, les ordenaba Pablo. No era posible conciliar esos criterios con el cristianismo. En la Roma de entonces un cristiano no podía conformarse; tenía que transformar los criterios, ir contra la corriente. “No conformismo sino transformación”.

Hoy día, en todas partes, el “mundo” vive con criterios semejantes a los de la Roma de Nerón, camuflados muchas veces en los “logros de la civilización”. Pero el ímpetu revolucionario de los jóvenes está apagado por las múltiples voces de una sociedad desenfrenadamente consumista.

“No se acomoden” nos dice el Apóstol. Nos desafía a ser rebeldes; inconformistas con nosotros mismos. Si lo somos, podremos transformar este mundo.

Si llegamos a conformarnos a lo que hace todo el mundo, si nos quedamos estáticos, en vez de tener un mundo que transformar tendremos un “mundito propio”; en vez de tener un campo sin límites en el cual luchar, tendremos sólo un “estrecho rinconcito”.

Pablo quiere cambiar nuestro criterio, no quiere sólo tenernos como alumnos; no quiere ser un profesor que enseña cosas: quiere ser un educador que forma discípulos.

La actitud que nos exige Pablo con respecto a la realidad del mundo y hacia nosotros mismos es una actitud de tres tiempos: de enjuiciamiento, de oposición y de transformación.

“Enjuiciar el mundo”

Hay cosas del mundo que son buenas en apariencia, pero que son de “este mundo”. ¿Quién podría decir que la televisión es mala, es diabólica? Pero, ¿podemos aceptar todo lo que nos da la TV? ¿Qué nos diría Pablo? No conformismo sino transformación. Tendremos que enjuiciar la realidad de nuestra TV. Tendremos que someter a juicio los criterios que tenemos a nuestro alrededor y ver más claro los que están de acuerdo con los valores evangélicos y los que no lo están.

“Oponernos al mundo”

El Señor fue muy claro y hasta extremista en esto de no ser conformista sino transformadores. Él nos hace venir a este mundo en el seno de una familia. Y es ahí donde debemos aprender a ser discípulos suyos. Pero si no encontramos esa disposición en nuestra familia, tendremos que ser transformistas o alejarnos de la familia. Jesús mismo nos dio el ejemplo.

Y nos lo recalcó con insistencia:

“He venido a poner disensión; al hombre contra su padre; a la hija contra su madre; y la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa. No es digno de mí el que ama a su padre o a su madre más que a mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí” (Lc 12: 53).

La familia no es el último objetivo de la existencia, sino un medio para servir y glorificar al Creador.

Existen otros grupos de conformismo, más amplios que la familia, a los cuales sería muy difícil referirse ahora en forma extensa. Ellos son los grupos educativos, sociales y políticos. Sin embargo sería bueno hablar de aquel que quizás más nos incumbe como cristianos: la Iglesia.

Fue el conformismo religioso lo que llevó a la muerte a Jesús. Y las Iglesias de hoy siguen estando tan conformadas al mundo y al sistema imperante como aquel Sanedrín que condenó al Señor. La historia da testimonio de ello, ya que el caminar de las Iglesias está lleno de corrupción como el caminar del mundo mismo. Así que la advertencia de San Pablo contra el conformismo es válida también para la Iglesia.

¿Cómo llegar a la “transformación”?

Es esta una pregunta que constituye un reto, un desafío para cada uno por su propia transformación. Dejar que Cristo actúe y que su luz nos ilumine y nos transforme con el milagro de un nuevo renacer. Sólo así podremos transformar la familia y la sociedad. No es de otra manera.

Hubo Iglesias que no se conformaron; por ello las llamaron “protestantes”, porque protestaron contra todo el mundo y se levantaron proclamando la Palabra de Dios. Martín Lutero fue un protestante. Él, lleno del Espíritu Santo y con una palabra profética de Dios, se levantó y dijo: “No me conformo con este sistema religioso corrupto…”. Este es un auténtico héroe de la fe y, como muchos otros, tuvo que luchar contra la propia Iglesia.

Nuestra Iglesia posee el privilegio de poder llamarse “Iglesia que no se conforma a este mundo”. ¿Pero cuál será nuestro fin? Esta Iglesia, como les ha pasado a todas, ¿llegará a ser, quizás en 40 años más, una Iglesia conformada y acomodada? ¿Se repetirá la historia?

 

Oración:

No dejes, Señor, que el mundo nos conquiste;

danos la fuerza para transformar el mundo

y consagrarlo a Ti.

Amén.

Christian Casanova del Solar

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Comentarios

  1. buenísimo como siempre Jesucristo nos invita a no conformarnos y no quedarnos estancados sino a transformar nuestro entorno!

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