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Religión, Ateísmo y Fe

Precio en Librerías $ 38.500
¡OFERTA! $ 19.780

Autor: Christian Casanova
Editorial: Nueva Vida
Páginas: 560
SKU: 978-956-319-141-7 Categoría: Etiquetas: ,

Descripción

La siguiente obra filosófica desarrolla la pregunta, sugerida por Paul Ricoeur, acerca del sentido religioso del ateísmo, o en otras palabras, sobre la posibilidad de interpretar y asumir la crítica de la religión como un movimiento propio de la fe. Luego de una introducción general a la filosofía hermenéutica de Ricoeur, la crítica de la religión es dividida en dos grandes partes: la crítica externa (o desmitificación) y la crítica interna (o desmitologización). La primera crítica aborda las obras de Feuerbach y los maestros de la sospecha: Marx, Nietzsche y Freud. La religión es desenmascarada entonces de sus proyecciones ideológicas, idolátricas, moralistas y narcisistas. Esta crítica, según Ricoeur, deberá ser recogida por la conciencia religiosa por el hecho de que “se inscribe en los límites de la fe madura del hombre moderno”, ya que “todo ateísmo relativo a los dioses de los hombres, está ligado a las posibilidades de la fe”.

La segunda crítica, que nace desde el interior de la comunidad confesante, es emprendida a partir de los planteamientos teológicos de Rudolf Bultmann (padre de la desmitologización moderna), y de los teólogos de la “Nueva hermenéutica” (Ebeling y Fuchs), a los cuales adscriben Gadamer y Ricoeur. Frente a la crítica desmistificante, Ricoeur propone una desmitologización, por cuanto que la crítica que él intenta no es reductiva —no niega el mito como tal, sino la falsa razón, el pseudologos del mito— y porque no se ejecuta desde fuera, sino desde el interior mismo de una religión dada. Para que viva el símbolo, para recobrar el frescor de los símbolos, es necesario hacer morir al ídolo, acabar con la reificación del horizonte, con su transformación en cosa. La religión es entonces despojada de sus ropajes mitológicos para revelar su perenne sentido existencial (Heidegger). Esta crítica da lugar a una recuperación de la palabra bíblica y una reinterpretación actual del mensaje cristiano; efectivamente, la voluntad de sospecha se halla aquí matizada por una voluntad de escuchar.

Ricoeur nos asevera que el dios cuya muerte anuncia el loco en el parágrafo 125 de La gaya ciencia es el dios de la metafísica, el dios de la teología y, en definitiva, el dios de la moral. Y añade que si sólo el dios moral ha sido refutado, entonces una vía se abre ante nosotros; una vía que es algo así como una “senda perdida” (Holzweg en el sentido heideggeriano), cuya exploración coincide con la exploración de la palabra del poeta y del pensador. En ella sitúa Ricoeur la posibilidad de una dialéctica entre religión y fe, rica en consecuencias y mediada por el ateísmo. El filósofo francés señala, junto con Bonhoeffer y otros, que el ateísmo, en tanto que es la liquidación del “Dios filosófico”, queda como parte de la teología de la palabra, y nos abre una posibilidad, no de un ateísmo cristiano, pero sí de una dimensión atea del cristianismo. El ateísmo no solamente posibilita la superación del arcaísmo religioso, sino que asimismo facilita una fe posreligiosa, una fe post-muerte-de-Dios. De hecho, al operar  “como corte y lazo entre religión y fe”, la mediación por el ateísmo nos abre el espacio para impulsar a los creyentes hacia una fe adulta, una fe “a pesar” del mal, llevándolos a superar la imagen religiosa de un Dios padre que castiga o premia, con el fin de encontrar a un Dios de confianza y esperanza. Esta interpretación nos permite, por ejemplo, recoger la figura de Job como modelo de una fe trágica que se sitúa ante un Dios que está más allá de la ley de retribución y de la providencia.

Tras la hermenéutica reductora de la crítica de la religión, se retoma la hermenéutica recolectora de sentido de Ricoeur, el cual postula una lectura de la Biblia no sólo “como un texto”, sino además “como un poema”, como una obra que nos abre un mundo posible, “un ser nuevo”, un nuevo espacio de posibilidades existenciales a las que podemos acceder con la condición de despojarnos antes de las ilusiones del sujeto-lector situado ante el texto bíblico. Justamente en este último punto operan las críticas de los maestros de la sospecha y de los teólogos de la desmitologización y de la Nueva hermenéutica, como una purificación de las ilusiones, ropajes, máscaras y espejismos que nos impiden revelar el sentido propio de la Palabra. Al aplicar las categorías de la hermenéutica filosófica ricoeuriana a la hermenéutica teológica, numerosos conceptos del lenguaje religioso tradicional sufren significativas transformaciones que rejuvenecen su sentido y actualidad: manifestación y proclamación, el nombre de Dios, la idea de revelación, la inspiración y testimonio, se presentan así como conceptos claves de una reapropiación del mundo bíblico.

Por último, y en el marco del pensamiento de Heidegger, Ricoeur y Bonhoeffer, se esbozan algunos signos de esperanza en tiempos de la muerte de Dios. La obra nos muestra como la experiencia de lo divino en la época de la muerte de Dios es, primeramente, un “sentimiento de ausencia”. Pero, como en Heidegger, se trata de una ausencia que va acompañada de la esperanza de su vuelta. Sin embargo, la experiencia de lo divino no sólo es sentir a Dios como ausente, sino, al mismo tiempo, sentirlo como una presión o como “algo que hiere”, algo de lo que desearíamos quedar libres; en el lugar donde somos heridos, allí él nos habla. En una época posreligiosa, afirma Ricoeur, el rasgo esencial de la fe es saber esperar la sobreabundancia de la gracia a pesar del mal. No en vano se le ha llamado muchas veces “el filósofo de la esperanza”. Finalmente, se considera la indicación heideggeriana de que nuestro tiempo sufre de una peculiar ausencia de Dios, la cual vincula olvido y ocultación. Gracias a ello, se hace posible afirmar que “estar oculto es el modo de presencia de Dios”. Y, más aún, Bernhard Welte nos señala que, aunque la ausencia de Dios se expanda y consolide, se trata a su vez de una época en la que de profundis se clama al Dios escondido, olvidado y negado. Por eso, al final de la obra se considera la propuesta ricoueriana de recuperar “la lamentación como plegaria” como el mejor modelo de oración para el hombre actual que, sintiéndose “desamparado de Dios”, clama desde lo profundo: “¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?”

Información adicional

Peso 0.850 kg
Dimensiones 23 × 15.5 × 4.5 cm
Autor

Christian Casanova

Editorial

Nueva Vida

Páginas

560

ISBN

978-956-319-141-7

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