Tu Cuerpo Resucitado

Por favor abra su Biblia en la primera epístola de Pablo a los Corintios en el capítulo 15, después de unos instantes comenzaremos a leer desde el versículo 35.
Estoy seguro que usted muchas veces habrá dicho o habrá escuchado a otras personas decir: “De milagro me escapé de la muerte, el avión en el que viajaba se estrelló”, o “tuve un tremendo choque con mi automóvil” o, “estuve gravemente enfermo a punto de morir”. Dramáticamente como pudo haber sido esa experiencia permítame decirle algo: “Usted no estuvo cerca de la muerte, usted no murió, de hecho ahora está más cerca de la muerte de lo que nunca jamás ha estado”. Su latido de corazón ––como alguien poéticamente lo dijo––, “es el palpitar silencioso de una marcha fúnebre rumbo a la sepultura”. Lo único que existe entre usted y la sepultura es ese quieto latido en su pecho. Quizás diga: “Por favor pastor no sea tan fúnebre”. No estoy siendo fúnebre, solo quiero decirle que la muerte es un hecho, pero que cuando usted muere como creyente en Cristo su cuerpo va a la sepultura, mas su espíritu asciende a Dios.
La Biblia nos revela en 2a Corintios 5:8 “pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor”.
En el siglo XIX, y cuando tenía 80 años de edad alguien le preguntó a John Quincy Adams, quien fue el sexto presidente de los Estados Unidos (1825-1829), “¿cómo está el señor John Quincy Adams?”. Y él respondió: “John Quincy Adams está muy bien, gracias por preguntar, pero la casa donde vive está muy deteriorada y dentro de poco será inhabitable y tendré que mudarme, pero John Quincy Adams está muy bien, gracias”. Él llegó a comprender que su cuerpo es solo una casa en la que él vivía. Y también su cuerpo es una casa en la que usted vive y un día usted se mudará e irá al cielo si muere siendo un creyente. ¡Estar ausentes del cuerpo es estar presentes con el Señor!
Creo que les conté hace algún tiempo de una mujer llamada Crisálida, cuando ella murió en su lápida escribieron: “Esta no es Crisálida es solo su envoltura. Crisálida dejó su envoltura y se fue con Dios”. Bueno, eso es verdad. El cuerpo es el cascarón en que vivimos y la Biblia llama a nuestro cuerpo “la morada terrestre”. Estar ausentes del cuerpo es estar presentes con el Señor. Sin embargo, Dios no ha acabado con su cuerpo, su cuerpo un día resucitará. Así lo gritaba Job ante sus amigos teólogos que trataban de quitarle su trascendencia: “Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios” (Job 19:25-26).
Permítame ilustrar esto último. Es casi como un hombre que posee un negocio y desea remodelarlo. Los trabajadores entran y el dueño pone un letrero en la puerta que dice: “Cerrado por remodelación”. Eso es ni más ni menos lo que pasa con usted. Cuando usted muere su cuerpo es cerrado para remodelación. Su cuerpo va a la sepultura y usted se muda de este; luego Dios resucitará su cuerpo renovado, restaurado y hecho a la imagen del cuerpo del Señor Jesucristo. Y así como el dueño vuelve a ocupar su negocio remodelado, usted regresará a su cuerpo resucitado y glorificado.
Ahora bien, cuando Dios le salvó, él hizo algo maravilloso por usted, no obstante no ha terminado con usted. La Biblia dice: “El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Fil. 1:6). Cuando Adán pecó, y hablo del primer hombre que vivió, él murió de inmediato en su espíritu, él murió espiritualmente, él murió en forma progresiva en su alma, él llegó a ser más y más inicuo hasta que fue redimido, pero al final su cuerpo terminó muerto, su cuerpo fue sepultado. ¡Él murió al instante en su espíritu, sin embargo, murió progresivamente en su alma y por último murió en su cuerpo!
Considerando lo anterior, cuando usted se salva Dios revierte lo que el diablo hizo en usted. Y cuando se salva, usted es en el mismo momento justificado en su espíritu, usted es santificado progresivamente en su alma y será glorificado al final en su cuerpo. ¡Aleluya! Dios aún no ha terminado con usted, hay más por venir; su cuerpo aún no ha sido redimido. Está por venir la resurrección del cuerpo humano.

Un problema perplejo

En 1a Corintios 15:35 leemos: “Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán?”. Eso es lo que yo llamaría, en primer lugar, un problema perplejo. Cuando le digo que su cuerpo será resucitado, esa pregunta se me viene a la mente y no sin razón: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Cómo es eso posible? ¿Y con qué cuerpo saldrán? ¿Cómo seremos?
Es extremadamente difícil para nosotros como seres humanos pensar acerca de la resurrección del cuerpo humano y deseo enfatizar que cuando hablamos de la resurrección hablamos del cuerpo, no del espíritu ni del alma. La Biblia nunca habla de la resurrección del espíritu ni de la resurrección del alma. El espíritu y el alma no necesitan resurrección, es del cuerpo de lo que hablamos. Usted dirá: “Pastor Casanova, francamente tiendo a ser un poco científico y tengo una mente filosófica, por tanto se me dificulta aceptar el hecho de que Dios literalmente resucitará cuerpos muertos”. Y yo le respondo: “Bueno, no sé por qué eso es difícil para usted. Si Dios creó el mundo de la nada, de seguro que él puede formar un cuerpo resucitado de algo”.
Es por eso, que el apóstol Pablo le dijo al rey Agripa (Hch. 26:8) “¡Qué! ¿Se juzga entre vosotros, cosa increíble, que Dios resucite a los muertos?” ¿Por qué considera increíble que Dios pueda resucitar a los muertos? Charles Spurgeon, considerado el príncipe de los predicadores, dijo lo siguiente: “Todo lo que Dios hizo es maravilloso, hasta que nos acostumbramos”. Cuando nos acostumbramos a las maravillas de la creación sencillamente decimos “bueno, eso es natural” y nos olvidamos del Creador. Pero no haga a Dios a un lado cuando hablamos de la resurrección de los muertos. Es un problema perplejo: ¿Cómo resucitarán los muertos?, ¿en qué cuerpo vendrán?
Por favor miremos el versículo 36 en donde san Pablo responde a dichas preguntas: “Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes. Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano” (1Co. 15:36-37).

Una ilustración comprensible

En segundo lugar, vemos que Pablo era un excelente maestro, y como existe un problema perplejo, él da una ilustración comprensible y clara. Algo que podemos ver, algo que todos hemos visto; una semilla que muere. La semilla es enterrada, se descompone y, con todo, de esa semilla germina nueva vida. Dios dice que nuestro cuerpo resucitado es muy parecido a una semilla. Vemos la muerte como el segador funesto, pero la muerte no es un segador funesto sino un sembrador. Cuando usted muere, usted está simplemente sembrando una semilla, es decir, pone una semilla en la tierra.
Alguien dirá: “Bueno no veo cómo Dios resucitará un cuerpo, sea realista”. Aquí está un hombre que fue a la guerra de Irak y estando allí se paró sobre una mina y perdió su pierna derecha. Los médicos militares le instalan una prótesis y regresa a su país. Luego se consigue trabajo en un aserradero de Nueva York. Lamentablemente sufre un accidente y ahí pierde dos dedos, los que son incinerados. Después este hombre se une a la Iglesia y experimenta la salvación de Jesucristo. Pasado algún  tiempo  recibe  el  llamamiento  a  ser  misionero  en  el África. Él tiene una pierna en Irak, dos dedos en Nueva York y se va al África donde muere de una epidemia. Lo entierran a la sombra de un árbol de manzanas, las raíces del árbol absorben su cuerpo y lo transforman en manzanas. Una vez maduras, las manzanas caen a tierra y un cerdo viene y se las come. Ahora dígame ¿cómo lo va a resucitar el Señor? Mi querido amigo, Dios dice que muy similarmente a una semilla. Usted pone una semilla en la tierra y todas las partículas de esa semilla se disuelven, mas existe un “elemento de vida” en esa semilla que no muere.
Usted continuará diciendo: “Pastor, espere un minuto, esa analogía no calza, es decir, una semilla nunca muere realmente, hay vida en la semilla, pero cuando usted muere, pues está muerto”. Mi amigo, ahí es donde se equivoca, existe una parte de mí que nunca muere, Jesús lo dijo: “Y todo aquel que vive y cree en mí, no… [¿No qué?] …no morirá eternamente” (Jn. 11:26). Existe ese principio de vida continua que nunca muere. Y si Dios desea resucitar las partículas exactas de mi cuerpo, él no tiene ninguna dificultad en hacerlo de donde quiera que pueda estar disuelto mi cuerpo. Ahora le digo muy francamente, no creo que lo hará así, porque usted está viendo en este instante a un hombre hecho de partículas de todo el mundo; por ejemplo yo estoy hecho de maíz de la región del Maule en Chile, o maíz de Argentina, carnes que provienen de Uruguay o de Australia, plátanos de Ecuador, mangos de Perú, fideos instantáneos de China, mariscos de la Patagonia chilena, etc. ¡Escúcheme!, todo eso me forma ahora mismo, sin embargo no son las partículas exactas de mi cuerpo lo que Dios resucitará. Nosotros recibimos constantemente nuevos cuerpos. Usted no tiene el mismo cuerpo que tenía hace unos años, no hay en su cuerpo ni una sola partícula que estuvo en usted hace varios años. Esas moléculas están siendo desechadas, y constantemente nuevas las remplazan.
Le pregunto, ¿es usted la misma persona que fue de bebé? Usted es la misma persona, y a la vez no es la misma persona. ¿Es su cuerpo el mismo que poseía de bebé? Leí en algún lado que una persona en el lapso de su vida consume ––¿está listo? ––, cincuenta toneladas de comida, bueno si mira a su alrededor lo creerá ¿verdad? ¡Cincuenta toneladas de comida en el transcurso de una vida!, ¿por qué? Porque estamos constantemente tomando nuevas moléculas, botamos las moléculas viejas, sin embargo existe una continuidad que llamamos “cuerpo”.
Creo que fue en el año 1983 que por primera vez pude ver el río Biobío, el más ancho de Chile. Hoy yo puedo ir y mirarlo, mas le pregunto, ¿será el mismo río que miré en 1983? Bueno, sí… y no. Es el mismo río, pero ni una gota de agua fluye en él del agua que fluía cuando lo vi por primera vez. Lo que trato de decir es que el cuerpo que Dios resucitará no será necesariamente con las mismas partículas que existen ahora. Permítame decirle un versículo clave para que lo entienda, el Salmo 139 verso 16 habla de cómo Dios creó su cuerpo. El salmista le habla a Dios y dice: “Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas”. Esto nos dice, que antes que mis manos, mis pies, mis ojos, mis oídos, mi rostro, antes que fuesen una realidad, Dios las tenía ya en su libro. ¿Sabía que Dios posee un libro acerca de mí? ¿Sabía que existe un esquema específico para mí y nadie más tiene ese plan particular? Solo yo y todos mis miembros estaban escritos en el libro de Dios antes que fuesen formados ––lo mismo pasa con usted—. Los genes, los cromosomas, el patrón genético que me hace único está en el libro de Dios y ese soy yo. Cuando Dios me resucite él no me resucitará de las partículas precisas, sino que existe en el plan de Dios un individuo único, un cuerpo en torno a un esquema que Dios ha ordenado en la eternidad y cuando Dios esté listo para resucitarme, Dios pondrá en su computadora celestial la orden: “Quiero un Christian Casanova” y al instante será hecho.
Verá usted, Dios es un grandioso y maravilloso Dios, y tal como le decía yo soy la misma persona que era de bebé, sin embargo, ni una partícula que estaba en mí de bebé está en mí ahora; con todo, estoy organizado según el plan de Dios.
Amigo, amiga… no descarte a Dios cuando hablamos de la resurrección, Dios nos da una ilustración y nos dice que es como una semilla; la semilla es enterrada, muere, se descompone, no obstante, existe continuidad de vida que gira alrededor de un principio que establece que un individuo sale de la tierra.

Una persona particular

El tercer punto que deseo que note es no solo un problema perplejo, no solo una ilustración comprensible, sino también una persona particular. Por favor leamos los versículos 38 y 39: “Pero Dios le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo. No toda carne es la misma carne [literalmente todo protoplasma no es el mismo protoplasma], sino que una carne es la de los hombres, otra carne la de las bestias, otra la de los peces, y otra la de las aves”. Esa es una declaración científica, eso fue escrito en la Biblia antes de la época de la “microbiología”, es decir, que las diversas formas de carne son diferentes. Toda explicación científica de hoy le dirá que la carne humana es diferente de la carne de los animales y así sucesivamente.
Luego Pablo continúa en el versículo 40 hablando de los cuerpos celestiales, los cuerpos terrenales, o del cielo y la Tierra. Antes de la era de los grandes telescopios él habla de astronomía. Leamos: “Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales. Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria” (vv. 40-41).
¿Qué es lo que está diciendo san Pablo? Nos dice que Dios crea un cuerpo según le plazca. Seremos personas particulares e individuales cuando lleguemos al cielo, no nos veremos iguales, y eso quizás sea consolación para usted, pues Dios es el Dios de individualidad. Dios nunca confecciona copias, Dios solo hace originales. Dos hojas no son iguales, dos huellas digitales no son iguales, las huellas en la nieve no son iguales. Dios no crea dos individuos idénticos, por tanto nos reconoceremos cuando nos veamos en el cielo. No vamos a ser absorbidos por una masa homogénea, por alguna especie de metamorfosis de nada. Seremos personas e individuos.
En el monte de la transfiguración estaban Jesús, Moisés y Elías (Mt. 17:1-6). Moisés y Elías ya habían muerto, pero fueron traídos del otro mundo y los discípulos los reconocieron, ellos estaban ahí prefigurando el cuerpo humano resucitado. Alguien le preguntó a Charles Spurgeon si nos reconoceríamos unos a otros en el cielo y él respondió: “Bueno, ahora nos reconocemos los unos a los otros ¿seremos más tontos cuando lleguemos al cielo de lo que somos ahora?”. No, la verdad del caso es que nos reconoceremos y mi cuerpo, mi cuerpo resucitado será diferente al suyo y su cuerpo resucitado será diferente al mío.

La perfección prometida

Ahora bien, el cuarto punto que deseo que note no es solo la  persona  particular,  sino  la  perfección  prometida.  Leamos el versículo 42: “Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción”. Posiblemente usted diga: “No quiero mi cuerpo otra vez, estoy cansado de este, francamente no me gustan mis fotografías, desearía que me dieran el cuerpo de otro y no el mío”. O tal vez diga: “No soy tan inteligente como debería serlo”. Bueno, quizás sea más inteligente de lo que usted piensa. Su inteligencia tiene que ver con el equipo cerebral que posee y tan solo necesita un mejor cerebro con qué pensar. No significa que no sea inteligente, solo significa que no posee las herramientas adecuadas con las cuales pensar. Mas cuando llegue al cielo usted tendrá un mejor cerebro, usted será mucho más inteligente de lo que piensa que es, usted será transformado de corrupción a incorrupción.
¿Sabe qué significa la palabra corrupción? Significa “aquello que muere”. Me permite decirle que ahí donde esté escuchando se está corrompiendo. Eso es lo que hacemos, nos estamos descomponiendo, nos estamos deteriorando. El asunto no mejora amigos, solo empeora. Solo diga ¡esto es lo mejor!, de aquí en adelante es cuesta abajo, empeorará. Y empeorará mucho más si usted no tiene la seguridad de su salvación, seguridad que solo proviene de una relación personal con Jesucristo, quien dio su vida como pago de la culpa de todos sus pecados.
En lo referente a su cuerpo físico, a lo mejor usted lo puede mejorar tomando vitaminas y cuidándose, pero por lo general nuestros cuerpos se corrompen, envejecen, se deterioran, pero cuando lleguemos al cielo su nuevo cuerpo será incorruptible, será transformado de corrupción a incorrupción, será transformado de deshonor a gloria. Mire por favor el versículo 43: “Se siembra en deshonra”. Nosotros somos criaturas pecadoras, la maldición del pecado yace sobre nosotros. “Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder”.
Mire a una larva, es repulsiva; luego mire la preciosa mariposa ¿son iguales? Sí, son iguales, pero diferentes. Así también nosotros, somos iguales pero diferentes. Damas, miren el diamante en su anillo, ¿sabe de qué está hecho? De un pedazo de carbón; el carbón y el diamante son del mismo material, el carbón es en deshonra, el diamante es en gloria, es la misma sustancia pero diferente.
Tanta gente posee la idea de que hemos evolucionado y que estamos mejorando. El ser humano no evolucionó, el hombre ha desevolucionado. Usted puede creer que es un huérfano de los simios si desea, pero yo no creo esa mitología de monos ni por un segundo. Creo que fui creado a la imagen de Dios. Bueno, la verdad es que Adán fue creado a la imagen de Dios y yo a la imagen de Adán y la imagen de Adán ha sido desfigurada por el pecado.
Suponga que nunca ha visto un tren de ferrocarril en toda su vida, luego suponga por coincidencia que el primer tren que usted ve es uno que está estrellado, descarrilado. Suponga que se descarriló y estaba todo amontonado, el metal doblado y retorcido y el tren ahí está tirado sin funcionar y yo le digo ¿ha visto antes un tren? Usted responde “no”. Bueno, en cierto sentido sí ha visto un tren, pero verdaderamente lo que vio es un tren estrellado y descarrilado. ¿Alguna vez ha visto verdaderamente a un hombre? Lo que ha visto son hombres estrellados, descarrilados, todos los que ha visto son hombres y mujeres manchados por el pecado.
Leamos otra vez el versículo 43: “Se siembra en debilidad, resucitará en poder”. Todos somos débiles, somos débiles moral, mental y físicamente. No somos capaces de hacer ni siquiera aquello que queremos hacer. Nunca predico un mensaje con el que quedo totalmente satisfecho. No creo que un vocalista cante una canción con la que él o ella queden satisfechos. Desearía que mi vida de oración fuera mejor, desearía más capacidad para pensar, aprender, recordar y articular. Sabe, todos lo deseamos, sentimos que somos débiles, incluso en nuestros puntos sólidos nos sentimos tan inadecuados, ¡se siembra en debilidad, resucitará en poder!
Un día usted servirá a Dios con el poder con que quiere servirle. Un día todo anhelo de alabar a Dios, de glorificarle, será satisfecho; y cuando llegue al cielo podrá cantar mucho mejor porque los últimos serán los primeros ¡será maravilloso! Cuando lleguemos al cielo vamos a glorificar a nuestro Señor de corrupción a incorrupción, de deshonra a gloria, de debilidad a poder.
Notemos el versículo 44: “Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual”. Ahora, cuando dice un cuerpo espiritual no está diciendo que seremos fantasmas, tendremos un cuerpo. El versículo no dice un “cuerpo espíritu” sino un “cuerpo espiritual”.
Usted dirá: “Espere un minuto, pastor, ¿cuál es el punto?” Bueno, existen personas que tratan de desechar la idea de la resurrección corporal al decir “es tan solo un cuerpo espíritu”. No dice que es un cuerpo espíritu, la palabra cuerpo espíritu es una contradicción de término, es como decir un vacío relleno o un cuadrado redondo o un silencio ruidoso. El cuerpo actual, aun el del creyente más espiritual, es un cuerpo adaptado a las condiciones de la vida presente; responde a los instintos, reflejos, etc., de la psique; por eso emplea el apóstol aquí el adjetivo psykhikón. En cambio, el cuerpo espiritual estará adaptado a las condiciones de la vida eterna. “Espiritual” no significa que esté compuesto de “espíritu”, sino que “expresará el espíritu” y “responderá a las necesidades del espíritu”; será el instrumento perfecto de la vida celestial, como el cuerpo “animal” es el órgano de la vida terrenal. Somos motivados por principios del alma, pero en nuestro nuevo cuerpo, en nuestro cuerpo espiritual, viviremos según las leyes espirituales. ¡Cuán maravilloso será!

Un patrón perfecto

En quinto lugar, hay un patrón perfecto. ¿Cuál es el patrón o modelo de su nuevo cuerpo? Bien, Dios nos ha dado ya un patrón, observe los versículos del 45 al 50 por favor: “Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual” (vv. 45-46). ¿Qué significa eso? Adán vino antes de Jesús en la historia humana, luego vino lo espiritual. Jesús vino después de Adán en la historia humana.
Versículo 47: “El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo”. Es decir, Jesús. Verdaderamente solo existen dos personas que han vivido sobre la tierra: Adán y Jesús; y usted está o en Adán o en Jesucristo. En 1a Corintios 15:22 dice: “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.
Ahora continuemos con el versículo 48: “Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales”. En otras palabras, si usted está solo en Adán, usted es como Adán, morirá como Adán y todo lo que le pertenece a Adán le pertenece a usted; pero si usted es como Jesús, todo lo que le pertenece a Jesús le pertenece a usted.
Versículo 49: “Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial”. Hemos traído la imagen del terrenal, significa que ahora estamos según la imagen de Adán, aún no estamos según la imagen de Jesús, pero traeremos también la imagen del celestial.
¿Cómo será mi cuerpo resucitado? Hoy poseo la imagen de Adán. Adán engendró a un hijo a su imagen. A veces yo escucho a la gente decir: “¡Oh, todos somos a la imagen de Dios!”. Bueno, mire a su alrededor, ¿piensa que Dios está en esta condición? Lo que trato de decirle amigo, es que estamos en la imagen de Adán, manchada, deshonrada, un cuerpo animal, pero un día vamos a estar a la imagen de nuestro Señor y Salvador Jesucristo ¿cómo seremos? La mejor evidencia es esta, seremos como el Señor Jesús. Tendremos un cuerpo de gloria como el cuerpo con que resucitó Jesús. El libro de Filipenses 3:21 habla del Señor y dice: “El cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas”. Él llama a nuestros cuerpos el cuerpo de humillación. Ahora es un cuerpo de humillación, mas un día será un cuerpo de gloria.
En 1a Juan 3:2 leemos: “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es”. Existen algunas cosas en las cuales usted no puede ser dogmático y otras en las cuales rotundamente debe ser dogmático. Usted no puede ser dogmático acerca de cómo será en la resurrección, pero sí debe serlo al afirmar que seremos como el Señor Jesucristo.
Permítame decir esto del Señor Jesucristo. Jesús literalmente salió de la tumba. Jesús posee un cuerpo resucitado. En Juan capítulo 20 el Señor Jesús se aparece a sus discípulos: “Estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente” (vv. 26-27). El Señor Jesús posee un cuerpo resucitado que se puede palpar. Él comió con sus discípulos (Lc. 24:41-43). Existen muchos misterios acerca del cuerpo resucitado que Dios no ha revelado, pero yo quiero decir con el salmista en el salmo 17 verso 15: “En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza”. ¿No le fascina eso? “Estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza”. Sea lo que sea, a usted le va a gustar. Sea lo que sea su cuerpo resucitado, usted estará satisfecho y reconocerá ¡Señor, todo lo hiciste perfectamente! Ese es el patrón perfecto, usted será como el Señor Jesús.

Un tiempo destinado

En sexto lugar, hay un período destinado. ¿Cuándo vamos a recibir nuestro cuerpo resucitado? Leamos 1a Corintios 15:51-52:
He  aquí,  os  digo  un  misterio: No  todos  dormiremos [significa que no todos moriremos]; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos [he escuchado que el movimiento más rápido que el cuerpo humano realiza es, el parpadear], a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados”. En estos versículos Pablo se incluye a sí mismo porque Pablo esperaba que Cristo regresara en el tiempo de su vida terrena.
¿Estaba Pablo en lo correcto o estaba equivocado al esperar a Jesús en el transcurso de su vida? El apóstol estaba en lo correcto. Todo creyente debe estar esperando la venida de Cristo en el transcurso de su vida. Existe el inminente retorno del Señor Jesucristo, todos podemos decir que esperamos el retorno de Cristo en el curso de nuestra vida. Debemos estar atentos a su regreso en cualquier momento.
En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal [o sea lo que muere] se vista de inmortalidad [o sea lo que no muere]. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (vv. 52-57).
Ahora, los tiempos pasados han visto unos días maravillosos; está el grandioso día en Belén, está el magno día en el calvario, está la preciosa mañana de la pascua. Sin embargo, el mayor día en mi opinión, el clímax de todos ellos es cuando Jesús regrese, él retorna en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, al toque final de la trompeta. Y cuando regrese, los muertos en Cristo resucitarán primero. Está por llegar una grandiosa mañana  de  resurrección,  nuestros  cuerpos  serán  cambiados; si está en la sepultura su cuerpo saldrá de allí, si está vivo su cuerpo será transformado.
Hace algunos años leí acerca de unos hombres en el campo de batalla; ellos estaban peleando y muchos fueron acribillados, los demás estaban agotados y al ponerse el sol, estos hombres que habían alcanzado la victoria, se envolvieron en sus cobijas acostándose en el suelo a dormir. Esa noche nevó y la nieve lo cubrió todo, los hombres vivos y los hombres muertos estaban cubiertos de nieve. Al amanecer cuando la trompeta sonó se levantaron de la nieve y los que estaban muertos quedaron bajo la nieve. Los que quedaron tendidos en el campo de batalla son una ilustración de cómo será cuando el Señor regrese. Está por venir la primera resurrección, la trompeta sonará y los muertos en Cristo resucitarán primero para recibir al Señor y nosotros seremos transformados a la imagen de nuestro Señor. Resucitados para saludar cara a cara a Jesús.
La Biblia enseña que será como un canto de alabanza. Por favor mire el versículo 55, este es el canto de alabanza por dos razones: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?”. Si Jesús regresara hoy existen dos categorías de individuos; primero, aquellos que dirán “¿dónde está, oh muerte, tu aguijón?”, serán algunos de nosotros, que en el momento en que Jesús arribe, incluso ahora mismo, nunca sentiríamos el aguijón de la muerte. Al ser arrebatados de la muerte podemos burlarnos de la muerte diciéndole ¡no me aguijoneaste! Y los otros que están en el sepulcro, pueden salir de la tumba y decir ¡la tumba no me pudo retener, la muerte no me pudo tragar, el infierno no me pudo atar! ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?

Una alabanza adecuada

Esto nos trae al punto final, el séptimo, que es la alabanza apropiada. Después de decir todo esto san Pablo lo resume en los versículos 57 y 58: “Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano”. ¿Por qué nos dio el apóstol Pablo este increíble capítulo? Él no está tratando de hacernos mejores teólogos, él no está tratando de llenar nuestra cabeza de información, él no está tratando de satisfacer nuestra curiosidad para que sepamos acerca del cuerpo resucitado, de eso no se trata. Entonces no es para hacernos mejores teólogos, sino para hacernos mejores creyentes, por eso dice: “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano”. Paga todos los días; paga cada paso del camino, aunque la senda hacia la gloria en algunas ocasiones parezca nublada; paga servir a Jesús todos los días.
Una madre joven falleció, el esposo no sabía si llevar o no a su niño a la funeraria, él no sabía si dejar que el niño viera a su mamá en el estado de muerte o no. Él pensó: “Quizás él necesita recordar a su mamá como era, o tal vez, necesita saber que su mamá realmente murió para ayudarle a comprenderlo en su mente”. Es una difícil decisión cuando se trata de un pequeño. Él decidió que lo mejor era llevarlo a la funeraria, cuando estuvo allí él lo alzó y él observó el rostro de su mamá, quien lo había cargado, arrullado, besado, enjugado sus lágrimas y le había cantado. Y el niño dijo: “¡Mami despiértate, mami despiértate… despierta mamá!”. Y ese padre le explicó a su hijito: “Hijo, no la podrás despertar, pero cuando Jesús venga él la despertará, él lo hará”.
Todos los muertos, todos los que están en el sepulcro, escucharán la voz del Hijo de Dios, ¿no es esto maravilloso? No tenemos que esperar solamente terminar en un hoyo en el suelo. Verá, porque él vive nosotros también viviremos, Cristo resucitó, ¡Cristo verdaderamente ha resucitado!, y porque él vive nosotros también viviremos.
Mi amigo, ¿ha recibido ya a Jesús como su Dios y Salvador? Si aún no lo ha hecho le invito a orar de la siguiente manera:

Eterno Dios, sé que un día estaré delante de tu presencia y que nada indigno o contaminado habrá en el cielo. Por el sacrificio que Jesucristo hizo en la cruz del calvario, vengo a pedirte perdón por mis pecados. Señor Jesús, ten la bondad de entrar en mi vida, límpiame, sálvame, perdóname, a fin de que un día pueda adorarte y glorificarte con un cuerpo transformado e incorruptible. Lo pido en tu santo Nombre. Amén”.

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Ingeniero civil, filósofo, teólogo y pastor protestante.
Líder fundador de las Iglesias del Espíritu Santo en el Cono Sur.

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